Historia

El inicio de una visión de intercesión por Uruguay y las naciones.

El movimiento de Oración en Uruguay se consolida mediante el surgimiento del ministerio de una Red de Intercesores.

Dios comenzó a entretejer en forma sobrenatural una “red”. Lo hizo tocando y convocando el corazón de uno y de otro.

En lo personal comenzó con el llamado en mi corazón, cuando siendo una joven anhelaba vivir y ver maravillas de parte de Dios.

Siendo parte del equipo de obreros voluntarios de la Cruzada Estudiantil del Uruguay en el año 84, tomo la responsabilidad de movilizar una Cadena de Oración a favor del ministerio estudiantil universitario.

En estas circunstancias recibo la invitación de parte de Rodolfo Galizia, director de Cruzada Estudiantil, para participar en un Congreso de Oración por la Evangelización del Mundo en junio del 84, en Seul, Corea.

Corea; la tierra del avivamiento, la tierra dónde los cristianos invierten tiempo sin límites en la oración y estudio de la Palabra.

De ese tiempo en el país asiático todavía recuerdo experiencias y testimonios de la vida poderosa de oración de la Iglesia coreana.

Recibí un sólo y unánime mensaje durante esos días: arrepentimiento, oración, unidad en el Cuerpo de Cristo, poder del Espíritu Santo, amor por los perdidos, acciones sobrenaturales… avivamiento. Avivamiento del anhelo de mi corazón.

Así fue que en dos oportunidades puntuales busqué al Señor más y más por Uruguay, Uruguay, Uruguay.

Primero llegó la Palabra de Dios: “El día que clamé me respondiste, me fortaleciste con vigor en mi alma”, “..has engrandecido tu nombre y tu palabra sobre todas las cosas”, “…la gloria de Jehová es grande, porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, pero al altivo mira de lejos.” (Salmos 138:3, 2b, 5b-6)

Esta Palabra marcó mi corazón por mi nación: Dios es fiel e iba a responder toda oración levantada a favor de Uruguay.

En su misericordia humillé mi vida ante Él, entregándosela, para que en su Gracia la usara para un despertar espiritual en mi país.

Y a pesar de mi torpeza y poca visión del principio, Dios fue fiel a aquella pequeña semilla que le entregué en junio del 84. Inquietó mi corazón por la oración. Lo fue encendiendo poco a poco.

Volví a mi país empecinada en un desafío: Convocar a la oración unida por el derramamiento del Espíritu Santo entre nosotros.

Muchos estábamos en distintos lugares del país, levantando un mismo clamor: ¡Aviva nuestra tierra!

Entonces comenzamos a encontrarnos aproximadamente siete hermanos en la Casa de la Biblia, cada semana durante año y medio, dedicando una hora a orar juntos.

Transitamos un trecho del camino, para luego detenernos por desánimo, por emigración del país.

Tuvieron que pasar nueve años para que alguien más, el Pastor y Misionero Jason Carlisle, fuera el restaurador y movilizador de aquella visión.

El 16 de diciembre de 1993, en unidad y acuerdo, pusimos las bases para comenzar una Red de Intercesión a favor de Uruguay.

 

¿Cómo comenzamos?

Convocamos a unos treinta hermanos, y el 23 del mismo mes celebramos nuestra primera reunión del oración.

Hicimos compromiso de oración a favor de la Iglesia, de las autoridades nacionales, de los diferentes ministerios.

A medida que caminábamos la administración de las necesidades de oración aumentaban. Nos eran necesarios recursos para llevar a cabo la tarea.

Llegó nuestra primer secretaria, voluntarios que ayudaban en la tarea, hermanos con los que ensánchabamos “la tienda”.

En junio del 98 celebramos el Primer Congreso Nacional de Oración. Marcó un hito espiritual. Los líderes más influyentes de la Iglesia participaron del proyecto.

Comenzamos con 120 inscriptos y finalizamos aproximadamente 600 hermanos en un culto de humillación, pedido de perdón y adoración al que
Vive por Siempre.

Como resultado lanzamos la Estrategia “10.000 uruguayos orando por Uruguay”, y más de cincuenta pastores, reunidos en Asamblea, restauraron una visión de años anteriores: apartamos el 31 de Ocubre como “Día Nacional de Oración”.